A o B, es un inicio
Debí hacer esto hace mucho tiempo, pero el tiempo es re policía y no me banco el color azul si no viene acompañado del naranja últimamente.
Este espacio lo abro porque estuve craneando demasiado; últimamente me cuesta más apagar la creatividad. Conocí unos lugares maravillosos que ni en sueños hubiera imaginado conocer. Como la “ Ilha do Faról “ en Arraial do Cabo, el Jesucito Verde, que tiene una vista privilegiada (con razón se para ahí), yo hubiera pensado lo mismo, ah. Pero estoy lejos de sentirme satisfecho; ahora mismo comencé un trabajo muy bueno en un restaurante en la parte más adinerada de la isla de Florianópolis. Y no pude ignorar sentirme sapo de otro pozo al no saber hablar inglés, ni hablar de sentirme ahogado con la estética del lugar.
¿Sigo siendo Trece?
Aun cuando en las entrevistas digo: “Sí, quisiera trabajar con ustedes”.
Todo lo que se logra, digamos, con mi economía. Es, a cambio de abandonar el poder, volver a Buenos Aires.
Y a conectar con esa gente específica a la que me gustaría llegar. Quizás estoy limitando mi arte a una fracción pequeña. Pero para pensar en otras personas, primero debería poder llegar a esas personas. Todavía no sé cómo lograrlo. Y eso, aunque suene a una estupidez, es lo que me frena a seguir escribiendo. Al parecer es algo que acabo de descubrir. No le encuentro sentido a escribir si no hay a quien esté afectando con mi arte.
Bueeeen, afectando es un decir, alguien que me lea, escuche, etc.
Así que después de tanto y con tiempo para retomar uno que otro proyecto.
Decidí, como dije antes, hacer algo que tenía que hacer hace mucho tiempo. Espero que todavía me tengas paciencia, amiga.
Pdt: Así empieza la historia de esta aventura, como cuando nos juntamos en Avellaneda por ser orgullosos quilmeños. Jeje.
Comentarios
Publicar un comentario